martes, 1 de agosto de 2017

El laberinto de los espíritus. Carlos Ruiz Zafón



El laberinto de los espíritus es una novela de Carlos Ruiz Zafón que concluye la serie del Cementerio de los libros olvidados que comenzó con La sombra del viento.

Es aconsejable leer previamente los libros de la serie, aunque igualmente se puede entender sin grandes complicaciones. 

Hace años leí El juego del ángel y su anuncio rezaba "Descubrirás por qué te gusta leer". Esa frase puede atribuirse a esta novela. O al menos a mí me ha parecido así hasta El libro de Julián y un par de capítulos anteriores. 

La novela comienza en pleno bombardeo fascista a Barcelona, donde Fermín, que ha escapado por los pelos de Fumero, logra Salvar a Alicia Gris a última hora de morir durante el ataque. Alicia cae al cementerio de los libros olvidados. Y ahí viene la recomendación de leer previamente todos los libros de la serie. Porque Fermín y el general Fumero son viejos conocidos. 

En pleno régimen franquista, la desaparición del ministro de cultura, Mauricio Valls, hace moverse a las fuerzas de seguridad del régimen. Pero como suele pasar en las dictaduras, nada es lo que parece. Carlos Ruiz Zafón toma este comienzo para decirnos muchas cosas acerca de la existencia y la esencia humana. A lo largo de las más de novecientas páginas de esta novela, veremos situaciones de todo tipo y sobre todo, la cara más cruel e injusta de la vida. En la búsqueda de Mauricio Valls, Alicia Gris y el capitán Vargas van descubriendo toda una trama de traiciones y puñaladas hechas en honor al poder. Un mundo donde una vida cualquiera tiene el mismo valor que el papel higiénico usado y donde morir es casi siempre la mejor opción. 

Zafón describe con una maestría fuera de toda duda muchos de los pozos oscuros del alma y cómo las heridas que llevamos puede condicionar nuestra existencia hasta el punto de ser incapaces de encontrar un momento de alivio. En una miscelánea entre personajes oscuros, crueles, avariciosos y sencillos, El laberinto de los espíritus nos tendrá con el deseo constante de querer saber qué va a pasar, invitándonos a leer continuamente. Se mezclan en esta historia factores de toda índole y tenemos que el poder y los sentimientos son el motor de la existencia humana. 

La historia lleva detalles tiernos y cómicos, siempre de mano de Fermín Romero de Torres y sus caramelos Sugus que nunca faltan en su bolsillo. Y que se agradece cuando vemos alguna acción del discípulo aventajado de Francisco Javier Fumero, Hendaya, que consigue que el estómago se revuelva con su crueldad..

Sin embargo, la novela, en mi opinión, debería haber acabado doscientas páginas antes. El final, con algunas muertes innecesarias y también incomprensibles, y la búsqueda de un encuentro para que un libro pudiera nacer, le quita esa tensión que acompaña la historia desde la primera página. Y, que cuando falta, se echa bastante de menos. A cambio nos dejará unas frases dignas de recordarse, por su belleza y su certeza. Y una historia, que sobre lo que le sobre, aún le sobran más virtudes, una historia que se queda contigo y te lleva a esa Barcelona de después de la guerra, te permite estar brevemente en Madrid y que destila un amor por los libros que cualquier letraherido/a de los muchos que habitamos este presente, podemos considerar como nuestro. 

Uno solo se enamora de verdad cuando no se da cuenta de que lo está haciendo.

Las guerras lo ensucian todo, pero limpian la memoria.

Las esperanzas la guardan las personas, pero el destino lo reparte el diablo.

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